“No es el cometido de la obra literaria ser fiel reflejo de la realidad externa y real – para eso existen otras disciplinas más adecuadas y competentes – sino la interpretación del hombre y del mundo basándose en la invención y plasmación estética de un mundo posible, que puede empezar con el hecho de llamar Vetusta a Oviedo y terminar con la configuración del País de las Maravillas”
Kurt Spang, Géneros Literarios.
¿Cuántas veces no habremos oído, a lo largo de los años que hemos estado estudiando literatura, que su objetivo y concepción principal es hacernos vivir otros mundos y otras gentes? ¿Cuántas no nos habrán dicho que nos podemos identificar con los personajes de una obra literaria (sea o no este su objetivo final no es lo que quiero discutir ahora), sean de otros tiempos o de otros lugares? No hay más que acudir a los manuales de introducción de enseñanza de la literatura para ver, por todas partes, la palabra “ficción”.
Y sin embargo, qué reacios somos a la hora de leer fantasía o ciencia ficción. “Son géneros menores”. “Pseudo-literatura”. “No muestra sentimientos reales”. “Se preocupa demasiado por la trama”. Son argumentos que, cualquier estudiante de literatura aficionado a nuestros dos “géneros menores” habrá escuchado decir a sus profesores más de una vez. Es difícil hablar con una persona culta a día de hoy sobre fantasía sin que esboce nuestro interlocutor una pequeña sonrisa de condescendencia cuando hablamos de las penalidades del humilde hobbit Frodo Bolsón intentando entrar en Mordor, o cuando hablamos de las fantásticas ocurrencias de Julio Verne, lanzando a sus astronautas a la Luna de un cañonazo.
Me gustaría, desde esta pequeña tribuna digital, lanzar mi alegato contra toda esa incomprensión y arrojar un poco de luz al misterio de lo fantástico en la literatura. Intentaré contestar a todo lo que creo que hace a nuestra afición un “género menor”, para demostrar que es una literatura tan válida como cualquier otra.
Se nos suele decir que la literatura fantástica (me referiré con esta etiqueta en este artículo tanto a fantasía como a ciencia ficción, para hacerlo más sencillo y por ser géneros altamente ficcionales) carece de profundidad en las ideas. Que no presenta reflexión sobre el mundo, que carece de ideas. Nada más lejos. Cualquiera que haya leído a Arthur C. Clarke verá en él una esencial preocupación por el futuro de la humanidad en las estrellas. 2001: una odisea espacial habla del miedo a estar solos, inherente a todos los seres humanos, habla de los desafíos a los que nos enfrentamos todos los días, cada vez más grandes, pero cada vez más preparados para batirlos. El que no vea humanidad y humanismo latir en Clarke, debería repasar su biblioteca en busca de Nietzsche. El que no vea la curiosidad como una enorme fuerza motora en Clarke, quizá debería echar la vista atrás hasta Grecia.
¡Y qué decir de los viajes a la Luna! Fantásticos a más no poder, y absurdos para la postmodernidad. Estamos demasiado ocupados en nuestro estéril y aguado parloteo, como dice Gnisci en su “Introducción a la Literatura Comparada”, pero no nos damos cuenta de que estos motivos también están presentes mucho antes de nuestro maravilloso e impecable siglo XX. Luciano de Samosata sorprendería a más de uno con su “Historia Verdadera”, que ya en el siglo II d. C. nos narra un viaje a la Luna. Muchas veces ampliar tanto las miras se queda fuera de la capacidad contemporánea, que sólo es capaz de mirar a su propio ombligo y al ombligo de otros.
La literatura fantástica no tiene empatía, no muestra sentimientos, tan sólo personajes vacuos actuando como marionetas, sin sentir ni padecer. Es un argumento bastante usado. Pero es tan usado como erróneo. Se suele decir que los personajes de estas historias no se enamoran. Que sus sentimientos son demasiado maniqueos como para ser creíbles. Se nos suele contar que estos géneros se resumen en elfos matando orcos y en rayos láser matando alienígenas. Estos son argumentos que provienen, necesariamente, de la ignorancia. Cualquiera que haya leído “El señor de los anillos”, de J.R.R. Tolkien, sabe muy bien que la violencia es un tópico poco recurrente en estos libros, que se tiende a la descripción de paisajes para transmitir sentimientos (un recurso muy “castellano”) y a la alegoría para presentar la visión personal de un hombre desesperado con su realidad social (Tolkien vivió las dos guerras mundiales) y que necesitaba, como cualquier otro, evadirse a veces de alguna manera; sin embargo, legó a la cultura humana un canto al pacifismo y a la convivencia armónica entre los hombres como pocos se han vuelto a ver. El que no vea el pacifismo en Tolkien, el que no vea las referencias y reconstrucciones de obras clásicas de la cultura occidental, quizá debería, otra vez, repasar su biblioteca.
El compromiso social, algo de lo que presume nuestra literatura “normativa” también tiene cabida en la literatura fantástica. No quiero hacerlo muy tedioso, pero recomiendo “El juego de Ender” para todos los que estén interesados en la temática de los niños soldado, y la justificación de los fines por cualquier medio. La humanidad como valor máximo de la vida, otra vez.
Estas literaturas, como todo, presentan obras mejores y obras peores. No voy a defender fanáticamente la validez de todas sus obras, pues hay libros verdaderamente detestables en estos géneros. Sólo pido, humildemente, una lectura más crítica (y no criticona) de los grandes libros de estos géneros, que pueden ser tan buenos como “La Metamorfosis” de Kafka (libro que adoro), como el “Don Juan Tenorio”, de José Zorrilla (también se escribe teatro de este tipo), o, en fin, como muchos otros grandes clásicos.
Nos conformamos con poco hoy. No le pedimos mucho a la literatura. Tan sólo unas pocas palabras bonitas, aunque no sean bonitos sus significados, con un poco de azúcar y un poco de amor. Unas pocas metáforas inconsistentes e inconexas. Asociar términos, cualquier término, aunque no tengan nada que ver. No le pedimos un esfuerzo imaginativo.
Porque tenemos miedo. La masa teme encontrarse con algo difícil, que le haga estancarse en su camino vital. Teme encontrar conceptos difíciles, temas crudos en los libros, un metafórico bofetón que lo haga mirar de otra forma al mundo. Queremos realismo extremo, queremos no ver nada más que lo que ya conocemos para no asustarnos con lo que podría haber fuera de nuestro pequeño margen de visión. Para taparnos y escondernos de nuestros temores queremos que nos susurren al oído lo maravillosos que somos, lo perfectos que somos, lo bonitos que somos, y cuánto nos queremos. Pero el que se atreve a echar una mirada fuera de todo esto, qué rápido descubre que sólo nos están regalando el oído con palabras bonitas y pocas intenciones.
El problema de estos géneros es la ingente cantidad de morralla que los puebla. Casi nadie con un cierto bagaje literario, sensibilidad y criterio desprecia a Clarke, a Lem, a Asimov, a Tolkien...pero es que son la excepción en un género repleto de infraliteratura "comercial" (entendiendo comercial como destinado única y exclusivamente a vender, sin ninguna preocupación por transmitir nada serio ni invitar a la reflexión).
ResponderSuprimirLa mayoría de estos géneros son libritos de usar y tirar para adolescentes, esto es así. Y bueno, también están los que se creen más maduros por mofarse de la literatura fantástica.
Hm, solemos estar de acuerdo, pero esta vez no.
ResponderSuprimirLa mayoría de libros publicados de estos géneros son, precisamente, los fundamentales de la cifi y la fantasía. Cierto que se ha puesto más de moda la fantasía y se escribe muchísima morralla, pero bueno, podríamos calificar de morralla a los cientos de novelas con títulos estrambóticos y supuestamente revolucionarios (de autores cuanto más exóticos mejor) y llamarlos infraliteratura. El que no se arriesga a entrar en estos géneros y sin embargo los juzga desde fuera como pseudoliteratura o los mira con condescendencia no sabe de qué habla.
Pero bueno, toda esta posición ya está defendida en el artículo, remarcar aquí otra vez los mismos puntos sería un poco redundante. De todos modos tampoco quiero decir que sea la única forma de escribir ni de leer, y por supuesto cada uno lee lo que le gusta. Pero es importante informarse antes de opinar (vaya por delante que no es ninguna alusión personal :P).
Sí, si estoy de acuerdo contigo en que hay mucho prejuicio y es habitual mirar a la fantasía desde una atalaya de superioridad intelectual sin haber leído nada nunca.
ResponderSuprimirPero también es cierto que es un género proclive a la basurilla, o cuando menos al ejercicio lúdico sin mayores pretensiones ni excesiva profundidad.
Por mi parte, no hay géneros mejores o peores, sólo libros mejores y peores. Y con todo, la ciencia-ficción a mí me encanta.
Me han gustado muchísimo los dos últimos párrafos, reflejan perfectamente mi forma de pensar.
ResponderSuprimirCreo que, como lector de fantasía y ciencia-ficción, no me queda mucho que añadir; salvo que espero que con los años se revaloricen estos géneros literarios.
Por fin he podido pasarme a leer, coñe xD
ResponderSuprimirBueno, nada que decir sobre la primera parte del artículo, estoy de acuerdo en lo que dices. Quizás solo que yo no he percibido nunca esa mala consideración de la que hablas hacia la literatura fantástica, probablemente porque me dedico a otras esferas del conocimiento, pero en cualquier caso nunca había tenido la sensación de que la literatura fantástica y de ciencia ficción es considerada de inferior categoría. En esa línea, estoy un poco de acuerdo con lo que dice Jesús en el primer comentario, y que luego tú corroboras en cierto sentido. Vamos a ver, los clásico son "incriticables" y la morralla abunda demasiado, eso lo sabemos todos, pero no sólo en la fantasía sino en todos los géneros. Es absurdo y muy poco prudente generalizar, decir que la novela negra es una basura por éste o aquel autor de escaso talento, ninguneando a Chandler o a Agatha Christie (x ej); y eso es justo lo que tu dices en el artículo, claro, pero no es un fenómeno exclusivo (o inherente, o propio) de la literatura fantástica sino de todos los géneros (a mi humilde modo de verlo).
Sobre los dos últimos párrafos...
Es cierto, la masa tiene miedo, y me incluyo en la masa. La novela es, para mí, un viaje a otro lugar, otra línea temporal, una válvula de escape que nos encierra en una burbuja y hace que no veamos nada más que la novela, que olvidemos los problemas mundanos y el ruido de fondo que lo invade todo. Probablemente, hacer ese ejercicio de evasión con "conceptos difíciles, temas crudos en los libros, un metafórico bofetón que lo haga mirar de otra forma al mundo" es bastante complicado, y nos va a llevar quizás a un ejercicio de introspección y refexión que no te digo que no sea sano, pero es bastante agobiante (al menos para mí). No digo que sólo me gusten los libros que no hacen pensar, el arte por el arte, la historia sencilla sin disgresiones ni fondo, pero tampoco podemos pasarnos la vida dándole vueltas a las cosas. A ver, sé que esto que acabo de escribir es muy criticable, yo misma sé que no es la postura más aconsejable, pero es lo que hay xD
Queda dicho.
Bueno, son ideas, todas muy respetables. Siempre que esté bien argumentado (y es el caso) es bueno compartir ideas :D
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