Sus labios, rojos, carnosos,
se cierran con lujuria
sobre el cuerpo cilíndrico.
Lo mancha poco a poco de carmín,
fogosa, se le encienden las mejillas,
hermosas, se inquieta,
nerviosa. Lo rodea con sus finos dedos,
roba el aire a su alrededor.
Después, saca de su bolso
un bonito encendedor,
prende llama, crepita fuego
y aspira profundo
el humo de un cigarro.
Si tan siquiera
con ella durmiera
una noche.
Precioso... :)
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