"En los hijos de los grandes genios estalla la locura; en los de los grandes virtuosos la idiotez, observa Aristóteles. ¿Quería de este modo invitar a los hombres excepcionales al matrimonio?"
¿Y usted, quería invitar a los demás al divorcio? No le faltaría razón.
Me estoy aficionando a los aforismos.
Librología
Mi pequeño espacio para hablar de libros y colgar mis relatos.
domingo 15 de enero de 2012
lunes 9 de enero de 2012
Pepita Jiménez, de Juan Valera

Hablar de Pepita Jiménez es hablar de uno de esos libros que a todos nos suenan, unos cuantos estudiamos en el instituto pero que pocos nos hemos acercado a leer. Es uno de esos libros que están en el conocimiento general de literatura española pero que no es realmente conocido.
Pero al hablar de Pepita Jiménez, hablamos del germen de la novela moderna, de los primeros pasos en España por construir un verdadero género narrativo de peso.
Publicada en 1874, en ese momento de efervescencia de la narrativa española, rodeada de las grandes (en todos los sentidos) producciones de su momento, asoma esta pequeña narración, a caballo entre el género epistolar y la novela más pura, esta experimentación entre el cuadro de costumbres y el retrato más amplio de la sociedad.
Está escrita en un estilo fluido pero no sencillo. El dominio de los recursos narrativos es magistral, trabajando la primera y la tercera persona sin problemas, y alternándola cuando es necesario. Nos cuenta la historia de Luis de Vargas, un seminarista hijo de un rico terrateniente de Andalucía que vuelve a su pueblo natal a punto de ordenarse sacerdote. Allí conocerá a Pepita Jiménez, una joven viudita pretendida por su padre, guapa y culta, que se acabará enamorando del seminarista. Sin embargo, sería injusto hablar del argumento y los personajes principales sin remarcar los personajes secundarios. Estos aparecen en gran número y muy bien caracterizados, de tal manera que la obra sin estos secundarios quedaría, a todas luces, falta de profundidad. El padre de Luis de Vargas, la criada Antoñona, el padre Vicario, son todos personajes memorables.
Pepita Jiménez también supuso, como una buena novela de su tiempo, una crítica, a veces más dura, a veces más suave, a las prácticas de su tiempo. Denunció el matrimonio de edades dispares, fenómeno muy frecuente en su época, y no tuvo piedad con la figura del valentón y el provinciano inculto.
La obra pretende explorar la realidad social de su tiempo, pero rompiendo con el exiguo cuadro de costumbres, género decimonónico de corta duración que no permitía una exposición amplia de comportamientos, sino que, como su propio nombre indica, era un pequeño cuadro, una pintura lingüística de tipos y modelos. Valera veía la novela (al menos en mi opinión) como una ampliación necesaria del cuadro de costumbres, que se estaba quedando pequeño, como el Realismo y el Naturalismo no tardarían mucho en demostrar.
El ámbito académico tiene dificultades al encuadrar a Juan Valera. Valera era un librepensador, de formación racionalista, que no se encuadraba realmente en ningún movimiento artístico. Se lo clasifica como post-romántico, por el tipo de temas tratados en sus obras, y, sobre todo, por la cronología de sus obras. Sin embargo, a mi humilde parecer, Valera debería ser clasificado como uno de los primeros novelistas españoles del realismo, ya que su estilo y el tipo de narraciones encajan perfectamente con los esquemas de este movimiento artístico.
Aquí solía poner una puntuación, pero prefiero dejar de hacerlo por una razón muy buena que me dijo un profesor de universidad. Os la dejo aquí:
"La crítica debe ser como la concebía Kant, algo que arroje luz y nos anime a leer la obra. Puntuar las obras es un juicio demasiado severo".
Pues eso. Que lo disfruten ustedes.
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domingo 1 de enero de 2012
Feliz año nuevo
Pues eso. Creo que este año el blog hace su segundo aniversario desde que me dio por reabrirlo, así que tomaré las medidas pertinentes cuando llegue el momento.
A todos los que me leen, muchas gracias, un saludo, y espero que sigan por aquí otro año más (y que no sean tan tímidos y que comenten un poco más :D).
A mi pequeña persona especial, feliz año nuevo y todo lo que este día trae consigo. Por que tengamos más celebraciones como las de hoy :)
Un saludo a todos. Felices fiestas, pronto estaré por aquí.
A todos los que me leen, muchas gracias, un saludo, y espero que sigan por aquí otro año más (y que no sean tan tímidos y que comenten un poco más :D).
A mi pequeña persona especial, feliz año nuevo y todo lo que este día trae consigo. Por que tengamos más celebraciones como las de hoy :)
Un saludo a todos. Felices fiestas, pronto estaré por aquí.
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vacaciones
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martes 20 de diciembre de 2011
Los hijos del fuego
Somos los hijos del fuego
y hemos venido a llevarnos
tu casa, tus alimentos.
Somos los hijos del fuego,
la furia, el impulso,
los que rompemos los sueños.
Somos los hijos del fuego,
somos desgarro, candente
desolación y baldíos.
Somos los hijos del fuego,
padres de la soledad,
pedazos de almas en vuelo.
y hemos venido a llevarnos
tu casa, tus alimentos.
Somos los hijos del fuego,
la furia, el impulso,
los que rompemos los sueños.
Somos los hijos del fuego,
somos desgarro, candente
desolación y baldíos.
Somos los hijos del fuego,
padres de la soledad,
pedazos de almas en vuelo.
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poesía
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miércoles 14 de diciembre de 2011
¿Qué quieres ser de mayor?
De mayor quiero ser
aprendiz de hombre libre,
ser humano orgulloso,
individuo indivisible.
De mayor quiero ser
un hombre simpático,
un profesor ejemplar,
una persona, sin más.
aprendiz de hombre libre,
ser humano orgulloso,
individuo indivisible.
De mayor quiero ser
un hombre simpático,
un profesor ejemplar,
una persona, sin más.
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poema
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lunes 12 de diciembre de 2011
Una reflexión lingüística sobre la libertad (J. S. Mill)
Esta cita está en "Sobre la libertad", de John Stuart Mill, libro que estoy leyendo y que es bastante interesante. Es un ensayo, no muy largo, sobre la libertad de opinión, de expresión, y uno de los pilares del liberalismo clásico.
"Pero si la ausencia de libre discusión no produjera otro mal, cuando las opiniones tradicionales son verdaderas, que el de dejar a los individuos en la ignorancia de los fundamentos de estas opiniones, se le podría calificar como un mal no precisamente moral, sino tan solo intelectual, que no afecta para nada el valor de las opiniones, en cuanto a su influencia sobre el carácter. Así pues, el hecho consiste en que la ausencia de debate hace olvidar no solo los fundamentos, sino también, con demasiada frecuencia, el sentido mismo de la opinión. Las palabras que la expresan cesan de sugerir ideas o no sugieren más que una pequeña porción de las que en principio comunicaban. En lugar de una concepción vivaz y de una creencia viva, no permanecen más que algunas frases retenidas por rutina; o, si se retiene algo del sentido verdadero, únicamente se trata de lo superficial y lo externo, habiéndose ya olvidado la verdadera esencia de la cuestión. Jamás podrá ser estudiado y meditado, como es debido, el importante capítulo que tal hecho ocupa en la historia humana".
A mediados del siglo XIX Stuart Mill ya adelantaba la manipulación y la censura del lenguaje que se emprendería poco después en Rusia y Alemania, y la necesidad de defender a las libertades frente a esos intentos de mutilación que degeneraron en dos totalitarismos rancios y asesinos. La importancia de la defensa de las libertades no debe olvidarse, y menos en los tiempos que vivimos.
"Pero si la ausencia de libre discusión no produjera otro mal, cuando las opiniones tradicionales son verdaderas, que el de dejar a los individuos en la ignorancia de los fundamentos de estas opiniones, se le podría calificar como un mal no precisamente moral, sino tan solo intelectual, que no afecta para nada el valor de las opiniones, en cuanto a su influencia sobre el carácter. Así pues, el hecho consiste en que la ausencia de debate hace olvidar no solo los fundamentos, sino también, con demasiada frecuencia, el sentido mismo de la opinión. Las palabras que la expresan cesan de sugerir ideas o no sugieren más que una pequeña porción de las que en principio comunicaban. En lugar de una concepción vivaz y de una creencia viva, no permanecen más que algunas frases retenidas por rutina; o, si se retiene algo del sentido verdadero, únicamente se trata de lo superficial y lo externo, habiéndose ya olvidado la verdadera esencia de la cuestión. Jamás podrá ser estudiado y meditado, como es debido, el importante capítulo que tal hecho ocupa en la historia humana".
A mediados del siglo XIX Stuart Mill ya adelantaba la manipulación y la censura del lenguaje que se emprendería poco después en Rusia y Alemania, y la necesidad de defender a las libertades frente a esos intentos de mutilación que degeneraron en dos totalitarismos rancios y asesinos. La importancia de la defensa de las libertades no debe olvidarse, y menos en los tiempos que vivimos.
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reflexión
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martes 6 de diciembre de 2011
El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta, o Del hombre que no debió dejar la poesía.

Acabo de terminar, ahora mismo, de leer "El viaje íntimo de la locura", de Roberto Iniesta. Quizá el nombre no suene de nada al lector, pero si doy las referencias de "Robe" y "Extremoduro" seguro que estará más orientado.
La novela, de 368 páginas en mi edición, es un perfecto ejemplo de una cuesta abajo. Escrita en una rara mezcla de primera y tercera persona que no acaba de cuajar, se nota que Roberto Iniesta es novato en esto de la prosa. Alterna con no mucho éxito el presente y el pasado, intentando dar una sensación de irrealidad que pasadas las primeras 100 páginas acaba siendo un zumbido insistente y ralentizador del ritmo de la obra. La técnica, a ratos excelente, y a ratos irregular, no termina de ser consistente, y da la impresión de que durante la composición el escritor tuvo muchas dudas.
Los personajes (sí, los personajes, aunque durante 200 páginas tan sólo hay uno) giran en torno a Don Severino, un notario de clase alta que, por una casualidad nimia, no va un día al trabajo. A partir de este pequeño suceso, su vida va cambiando, de una manera al principio sutil, y luego drásticamente. Unos cuantos sucesos surrealistas y unas cuantas personificaciones animistas de la naturaleza después, y unos cuantos ataques gratuitos a personas de relieve internacional, Don Severino se convertirá en una especie de Tarzán moderno, en una especie de buen salvaje anticuado y manido, sin ningún rastro real de personalidad definida; más bien parece un montón de clichés del movimiento ecologista más desvelado. Para este momento, la novela empieza a perder mucho fuelle. El rato de introspección posiblemente sea lo mejor del libro, con reflexiones enmarcables.
Después de entregarnos a casi 200 páginas de recorrido surrealista-filosófico por la mente de Don Severino, nos ofrece una trama, mal empezada, mal hilada, y mal acabada, en la que la novela ya se pierde y nos deja con una rabieta de adolescente concienciadísimo con la naturaleza.
Roberto Iniesta podría haber sacado mucho más de esta idea. La podría haber convertido en un viaje íntimo al alma humana, en un viaje íntimo a las razones de la locura. La primera mitad del libro es un buen ejercicio literario (aunque seamos sinceros, no es un autor de un nivel espectacular), y podría haber cerrado la obra mucho antes, dejando una bonita reflexión sobre la individualidad. Pero entra en unos clichés demasiado recorridos y en unas posturas demasiado maniqueas como para dejar espacio a una reflexión seria. Lo achacaremos a que es su primera novela. Creo que si publicara una segunda, la leería, porque a pesar de que este libro no me ha acabado de convencer, se nota que hay talento.
Puntuemos:
Lenguaje: 6/10 (el mejor aspecto y el más cuidado de la obra, sin duda).
Argumento: 5/10 (mantiene el interés hasta las últimas 100 páginas donde se termina el libro más por inercia que por otra cosa).
Originalidad: 3/10 (no hay demasiado que decir aquí; el repetido abuso de clichés al final le quita mucha nota en esta parte).
Global: 5/10 (merece la lectura si te interesa el escritor, o si te gusta la novela de introspección, pero hay mucho que leer antes; siendo sinceros, ni la recomiendo, ni la pongo en una lista negra).
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